Un baile de máscaras subterráneo

El escritor húngaro Sándor Márai escribió la novela Liberación entre julio y septiembre de 1945, poco después de los hechos narrados. Estos se centran en los días que transcurren desde los días previos a la Navidad de 1944 hasta la madrugada del 19 de enero de 1945 cuando el Ejército Rojo ocupaba las inmediaciones de Budapest.

Sándor Márai, Liberación. Barcelona: Salamandra, 2012.

El eje de la narración es la devastación moral producida por una guerra, que llevó al escritor al exilio a EEUU en 1948.

El día 25 de diciembre da comienzo el asedio de Budapest, que culmina el 13 de febrero con la caída de la ciudad. Fueron unas jornadas muy violentas, durante las cuales la artillería destruyó las zonas de la ciudad.

liberación

Erzsébet busca refugio para su padre, un prestigioso astrónomo y matemático, que es perseguido por su falta de apoyo al régimen fascista y por sus ideas liberales, en un sótano, hacinado y oscuro, junto a otros conciudadanos.

“El nombre del padre, que también llevaba Erzsébet, es nombre conocido y respetado más allá de las fronteras, en todo lugar donde la gente aún fuera capaz de juicios imparciales y reflexiones científicas, ese nombre no podía ahora llevarse abiertamente” (12).

Con su sencillez proverbial y agudeza para captar ambientes, describe el cansancio que se deriva del esfuerzo “cuando el alma aún cree poder soportar las penas pero el cuerpo se rebela sin avisar, el estómago se revuelve y todo el organismo queda tan impotente cmo si lo hubieran envuelto en un sudario de plomo. Es el mismo cansancio extremo y arcano a la náusea que se experimenta en ciertas jornadas estivales de feroz canícula y humedad” (9).

Los rusos luchaban contra los alemanes y sus aliados los cruces Flechados. Serbios, polacos e intelectuales franceses habían llegado, fruto de la vorágine de la guerra, a Hungría, “un país que, desde la ocupación alemana, ya no era una patria, sino un coto de caza en que se encontraban perseguidos y perseguidores” (14).

La ciudad sabe que no queda otra salida que el asedio, a pesar de los anuncios de que los cruces flechados y los filonazis defendían Budapest para frenar el avance del Ejército ruso hacia Viena y Bratislava. Millón y medio de personas permanecen hacinadas en los refugios: “han aceptado lo inevitable con un extraño fatalismo” (31).

“¿Qué pasa en el alma de un hombre cuando se ha perdido lo que convierte a los seres humanos en tales? De un hombre que se mantiene fiel al pacto escrito y tácito de la humanidad, a la ley de la caridad, en un mundo que reniega de toda ley humana y que se autodestruye con furia demencial” (39).

“En primavera y en verano los días y las noches habían sido pertiurbados a ritmo regular y frecuente por los bombardeos ingleses, y hubo jornadas en que la ciudad vivió aterrorizada, tanto que a la primera señal sospechosa de la radio se iniciaba una migración masiva hacia las cuevas de Buda, en el barrio del Castillo, que tenían fama de seguras…” (53)

Sándor Márai analiza el comportamiento humano en los días previos al asedio.

“Nombre, personalidad, todo se ha desvanecido allí abajo, como si cada uno participara envuelto en niebla en ese atroz baile de máscaras subterráneo” (89).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s